Hasta ahora, un wearable era un reloj o un anillo que cuenta pasos, mide el pulso y te dice cómo has dormido.
Este mes de septiembre han aparecido tres nuevos wereables que se llevan en sitios muy distintos y miden cosas que hasta hace poco solo se medían en un hospital.
Uno se pega detrás de la oreja y lee la actividad del cerebro. Otro va escondido en el cierre de un pendiente y sigue las hormonas. El tercero se mete dentro del sujetador y calcula la grasa que rodea los órganos.
Se llaman ATLAS, Phira y Petal. Te contamos qué hace cada uno, cuánto cuesta y qué puede suponer para quien vive del fitness.
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ToggleATLAS: un parche detrás de la oreja que lee el cerebro
ATLAS es una empresa de San Francisco creada en 2021 por dos neurocientíficos, Ana Montero y André Marques-Smith. Su primer aparato, The Atlas 1.0, se puede reservar desde el 1 de septiembre en Estados Unidos. Las primeras entregas llegarán a principios de 2027.
Es un disco pequeño, de 3,4 gramos, que se pega con un adhesivo detrás de la oreja. Por dentro lleva un electroencefalograma, la misma prueba que usan los neurólogos para ver la actividad eléctrica del cerebro.
La gracia es que funciona mientras haces vida normal.
En un hospital, para hacerte un electroencefalograma te ponen un gorro lleno de cables y te piden que te quedes quieto, porque cualquier gesto estropea la lectura. ATLAS asegura que su parche aguanta el movimiento: puedes caminar, hablar, conducir o entrenar con él puesto. Según la empresa, en movimiento la señal sale hasta 20 veces más limpia que con un equipo de laboratorio. De momento es un dato suyo, pendiente de que alguien lo compruebe por su cuenta.
La app te lo resume en tres indicadores, con nombre en inglés: Presence (si tienes la cabeza en lo que estás haciendo), Stress (cuánta tensión llevas encima) y Energy Burn (cuánto se está cansando tu cerebro).
Lo curioso es lo que hace después. Cruza esos datos con tu agenda, con lo que has dormido, con tus entrenamientos, con los sitios donde estás y con la gente con la que estás. Al cabo de unos meses, la idea es que sepas qué te despeja y qué te agota. Por ejemplo, si la reunión de los lunes te deja peor que una sesión de HIIT.
Para el fitness, la propia ATLAS lanza una pregunta muy buena en su presentación: por qué medimos una carrera en minutos y no en lo mucho que nos ha despejado la cabeza. Es la primera vez que un aparato de consumo intenta ponerle número a eso.
El aparato cuesta 499 dólares y obliga a pagar una cuota de 29,99 dólares al mes, que incluye los parches de recambio y la app. Solo en cuota, casi 360 dólares al año. Funciona únicamente con iPhone, y los primeros compradores podrán conectar sus datos con asistentes como ChatGPT o Claude.
La empresa ha conseguido 24 millones de dólares de inversores y dice tener más de 500.000 grabaciones del cerebro de personas caminando, hablando, comiendo o entrenando.
Phira: un pendiente que sigue las hormonas
Phira es todavía más discreto. Es el cierre de un pendiente, esa pieza que va detrás de la oreja para que no se caiga. Lo cambias por el tuyo, vale para la mayoría de pendientes y se lleva todo el día, también para dormir.
Lo ha creado Alisha Menon, ingeniera formada en la Universidad de Berkeley que antes trabajó en Apple. Cuenta que la idea le vino por pura frustración: las apps que usaba para controlar su regla nunca acertaban.
El truco está en la temperatura.
A lo largo del ciclo, las hormonas (el estrógeno, la progesterona y la LH, la que provoca la ovulación) cambian la forma en que el cuerpo regula su calor. Detrás de la oreja pasa una arteria muy cerca de la piel, y eso permite medir esos cambios con mucha precisión: el sensor nota diferencias de tres centésimas de grado. Con esos datos, Phira calcula cómo van tus hormonas cada día, sin análisis de sangre ni tiras de orina.
Por ahora solo hay una prueba pequeña, con 12 mujeres durante 31 ciclos. Compararon lo que decía el pendiente con análisis de orina diarios y los resultados cuadraron. Es un buen comienzo, aunque la muestra es corta y los datos aún están pendientes de publicarse en una revista científica.
Ahora preparan un estudio más grande, con mujeres con ovario poliquístico y en la perimenopausia. Quieren empezar a venderlo en 2027.
Un detalle que cualquier entrenador de fuerza entiende a la primera: una de las mujeres de la prueba cuenta en la web de Phira que el anillo le molestaba al levantar peso. Para ella, el pendiente resolvió el problema.
Petal: un sensor dentro del sujetador
Petal es el único de los tres que ya se puede comprar, aunque de momento solo en Estados Unidos. Se vende desde el 9 de septiembre. Es una pieza blanda, de talla única, que se mete dentro del sujetador, incluido el deportivo, y queda pegada a la piel justo encima del corazón.
Ponerlo ahí tiene sentido: desde el pecho, el corazón se lee mucho mejor que desde la muñeca. Petal lleva un electrocardiograma y la misma tecnología que usan las básculas que te dan el porcentaje de grasa, con una corriente más suave.
Lo que más llama la atención es que mide la grasa visceral, la que se acumula alrededor de los órganos y la que más se relaciona con problemas de salud. Hasta ahora, para conocerla necesitabas una báscula especial o una densitometría. Petal la sigue a diario. Mide el pulso, la actividad, cómo te mueves y el equilibrio.
Y prepara algo todavía más curioso: saber si estás bien hidratada a partir de los cambios en el tejido del pecho.
Detrás está Anand Janefalkar, que perdió a una persona cercana por un cáncer de mama. Su idea es diseñar la tecnología de salud para mujeres desde el primer día. Por eso los algoritmos de Petal se han entrenado solo con datos de mujeres.
Cuesta 199 dólares, con un año de app incluido. La batería dura una semana larga y de momento solo funciona con iPhone.
A largo plazo, la empresa quiere que sirva para detectar antes problemas de corazón y cáncer de mama. Para eso necesita ensayos clínicos y permisos que todavía no tiene. Hoy es un producto de bienestar.
Lo que tienen en común
Los tres han pensado al revés que el resto del sector. Primero deciden qué quieren medir y después buscan el sitio del cuerpo donde mejor se mide. Para el cerebro, detrás de la oreja. Para la temperatura, junto a una arteria. Para el corazón, el pecho.
Durante diez años, la lógica ha sido meter más sensores en el reloj. Para contar pasos y medir el pulso ha funcionado de maravilla. Para leer el cerebro o las hormonas, la muñeca queda demasiado lejos.
Y hay otra pista: dos de los tres están pensados para mujeres. Ahora mismo, la salud femenina es donde más se está moviendo este mercado.
Ojo con lo que prometen
Una cosa es captar una señal y otra muy distinta interpretarla bien.
Que ATLAS lea la actividad del cerebro no garantiza que acierte cuando te dice que estás estresado. Hay un precedente que da una pista: en 2024, un estudio con un aparato parecido, que se lleva dentro del oído, acertó el nivel de esfuerzo mental el 68 % de las veces. Un equipo de hospital acertó el 93 %, según recoge The Rundown AI.
Phira tiene una idea muy buena y, de momento, solo 12 mujeres detrás. Y Petal deja claro que es un producto de bienestar: sirve para ver tendencias, y las decisiones de salud se quedan en la consulta del médico.
Nuestra opinión: son datos muy útiles para hablar con un cliente y entender cómo va. Para diagnosticar, todavía les falta mucho.
Dónde está el negocio
Fíjate en cómo cobran. ATLAS te vende el aparato y te obliga a pagar una cuota cada mes, igual que hacen Oura o WHOOP. Petal te regala el primer año de app. Phira quiere ser una plataforma que relacione tus hormonas con tu sueño, tu entrenamiento y tu alimentación.
El aparato es la excusa. Lo que vale es tu historial: cuanto más tiempo lo usas, más te conoce y más pereza da cambiarse a otro.
En un gimnasio pasa exactamente lo mismo. Lo que sabes de cada cliente (qué días viene, cómo progresa, qué le funciona) es lo que hace que se quede. ¿Lo tienes ordenado en un solo sitio?